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jueves, 23 de septiembre de 2010

RELATO DEL ESPACIO

El castillo era infinitamente horrible, lleno de pasadizos oscuros y con cielos rasos donde la mirada solo hallaba telarañas y sombras.

Era poco más de medianoche y la poca luz que entraba en el castillo provenía se la luna que pasaba a través de una pequeña ventana, su reflejo daba a una armadura que empuñaba una espada de plata con rubíes preciosos en la empuñadura.

Olía a soledad, olía como si durante décadas nadie hubiera puesto un solo pie en aquel sitio, pero se percibía en las olas del silencio, que él no era el único que estaba contemplando aquellas paredes desgastadas por el monzón de invierno, pero muy frondosas al cálido tacto.

Un hilo de densa niebla se colaba por la ventana, que llegó hasta el débil tacto de la piel, aquella niebla no sabía más que al azufre proveniente de un volcán cercano con una clara sed de sangre. Aquel olor era el que contrastaba con el suave aroma a cenizas.

Por encima de la niebla asomaba, saludando, una tímida puerta con sabor a metal oxidado y una hilera de arañas que no invitaban precisamente a pasa, pero allí estaba en el centro de aquella habitación, en medio del inquietante silencio, y con sabor amargo, en medio de la densa niebla que se volvía a colar a pelotones por el rudo portó se la habitación. Y allí se hallaba justo en todo el centro del murmullo del sofocantie silencio invernal, se erguía bajo un manto de nubes de ceniza, bajo un tétrico sudario, se extendía un infinito cadáver mugriento, roído por el rasgar del viento, cuyo olor atraía una gran masa de gusanos que se atrevían a agujerear el enorme cuerpo calcinado por el infierno de su soledad.

La sala del muerto se empezó a llenar de moho y el miedo empezaba a respirar por el cálido vaho que salía de la boca, a pesar de todo, el frío que palpitaba en el ambiente, descendía a medida ue se acercaba a una hoguera pequeña y llameante aún inextinguida, llegaba a ennegrecer la más palida pared.

aquel fantasmagórico silencio, únicamente lo rompió el gran estruendo del volcán, y en ese mismo momento se supo que la vida de aquel horrible castillo estaba a punto de morir y fue en ese instante cuando un estallido dejó ver con claridad una lluvía de cenizas y piedras magmáticas, que rompían con el silencioso castillo, aquel castillo horripilante se iba derrumbando y su pulso se fue apagando como vela al viento y ya nada ni nadie lo evitaría, y quien parecíacazador se convirtió en presa.

Poco a poco las nubes se alejban hacia el oeste, la niebla quedó oculta por las cenizas del volcán, mientras el castillo se desvanecía para siempre bajo aquel lienzo de lágrimas de fuego que el volcán arrojaba sin descansar, cubrriendo por completo el inanimado castillo de piedra frondosa.

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